sábado, 20 de febrero de 2021

Palmeras.

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Levantar la mirada y encontrarme con la tuya fue siempre esa corriente que encendió mis fibras. 


Mirar a la puerta buscando un escape y que estuvieras tú, con un vaso de café en tu mano, mirándome fascinada, cómo cuando aparece el primer atisbo del mar entre las palmeras por la ventana del auto en el viaje de vacaciones.


Si bien nunca supiste dar sorpresas o ser muy detallista, yo siempre encontré lo maravilloso de ti en lo simple. 


Qué triste que sólo estos recuerdos sean los que me aferran a ti, de cuando intentabas enamorarme, de cuando hacías todo por sorprenderme y hacerme sentir segura, de cuando estaba hecha cenizas y tú creaste algo mágico de eso. 


Pero me devolviste, me devolviste al polvo con la misma mano con la que habías rescatado y no es hasta ahora, que ya no estás que puedo verlo. 


Que puedo ver lo efímero de tu amor por las personas, por las cosas. 


No es hasta ahora que te has ido, que puedo ver lo rota que estás y que ningún camino que tomes será el correcto si no sabes a dónde vas. 


Te llevaste una parte de mi contigo y en cambio me has dejado llena de agujeros por donde ahora se me escapa el aire. 

P.

jueves, 14 de enero de 2021

Está bien.



Está bien, todo luce un poco diferente desde que no estás,


Hice todo lo posible para cambiar todo lo que me recuerde a ti, pero ha sido en vano. 


Porque el eco de tu voz aún retumba por toda la casa,


Y las paredes recuerdan tu sombra,


Y todo el lugar sigue impregnado con tu olor, 


Y entonces, 


Te imagino cuando vuelvo a los  lugares donde estuvimos, 

Te imagino esperándome en el parque por las tardes cuando vuelvo a casa,

Te imagino en el balcón fumando cigarrillo -esto con tanta fuerza que casi puedo percibir el olor del tabaco.-

Te imagino bailando frente al espejo y también trayéndome el café a la cama por la mañana.


Lo más difícil es el lado de tu cama, que sigue intacto sólo que ahora está congelado. 

P.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Mi lugar favorito en el mundo.

Su cuerpo entero está sobre el mío y su cabello alborotado cae a un lado mientras reposa su cabeza sobre su mano y me mira, me mira fijamente con una sonrisa tan radiante y estremecedora, -les puedo jurar que es estremecedora hasta los huesos- que te hace recordar cuando la luz del sol se filtra por las hojas de los árboles.

Se ve arrebatadora, 
impecable, 
imperturbable. 

Se ve mía y me lo dice con su mirada y yo estoy hecha polvo debajo de ella.

Está sobre mi y da la sensación de estar viendo las nubes reposar sobre las montañas cuando está finalizando la tarde.

Está sobre mi y es mi lugar favorito en el mundo.

P.

domingo, 1 de mayo de 2016

Empty.

Si mezclas el puré de papas con la leche ya no puedes volver atrás, 
no puedes volver a separarlos.  
El humo que sale del cigarrillo nunca vuelve a entrar, 
no podemos volver atrás. 

Por eso es difícil elegir. Tienes que tomar la elección correcta. Mientras no escojas, todo es una posibilidad.

Y entonces, te elegí.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Mucho y nada.

Te pertenezco toda y en lo absoluto.

En cada hebra fina de mi cabello.

En cada centímetro de mi piel que está siempre expuesta cuando estás cerca y se quema cuando la tocas, se enciende cuando respiras sobre mí y cuando aspiro tu aroma que embriaga y que si algún día, por alguna razón ya no recuerdo tu rostro, tu olor va a devolverme a ti otra vez.


Encuentro mi paz en cualquier sitio donde estés tú.

Y cada día es eso, un antílope en el pecho cuando recuerdo tu nombre y estas ganas animales de vivirte cada segundo del día.

P. 



viernes, 1 de enero de 2016

¿Para qué?


Mierda para qué voy a escribir un relato traumático, si te extraño como una loca y trato de ser feliz con esta piedra en el zapato. Te extraño con todo mi corazón, con el mismo que por fin te estoy dejando ir y es horrible.
Ya.

miércoles, 8 de abril de 2015

Con las ganas.

Te echo de menos.

Pensé que debías saberlo. 


Pensé que debías saber que echo de menos tus manías, por ejemplo esa de acortar las palabras.


Echo de menos nuestras salidas al cine y también nuestras peleas.


Echo de menos cuando acabábamos una sobre la otra con la respiración acelerada y hablando en voz baja, como si alguien pudiese escuchar. Lo hacíamos así porque, a susurros, las notas son más sinceras y el eco aun más cierto, lo hacíamos así porque nos entendíamos sólo con mirarnos.

Pensé que debías saberlo.

Echo de menos verte sonreír y hacerte enojar, decirte todo cuando sueño rozarte, besarte, follarte.

Y ya no sé si quieres, o puedes, si te sigo haciendo falta, como era antes o si ya no nada.

Porque estás ausente y te noto tan lejos que apenas alcanzo a verte, aún estando a dos centímetros de mí, aún notando tu respirar, aún queriéndote igual que lo he hecho siempre.

Te echo de menos y pensé que debías saberlo.

Porque sé lo que eres capaz de hacer, porque has demostrado que eres capaz de hacer cosas realmente terribles a alguien que supuestamente te preocupa. Has demostrado que eres capaz de hacerle daño a la gente más cercana a ti.

Cuando rompes el corazón de alguien, realmente nunca sana y aunque puede ser reparado, ese corazón nunca estará completo.

Perdona por haberme aferrado a la idea de que un "nosotras" tenía que ser sí o sí.

Hoy vivo en un futuro en el no está tu nombre y en el estoy muy lejos de coincidir con los sueños que tenía, un futuro que me zarandea para que me ponga de nuevo en la posición de salida. 

Aquella en la que arrastrando lo que he aprendido, me permita reencontrarme con ella, con esta parte que perdí.
La misma que a fuerza de quererte tanto, fue olvidándose de las reglas de juego.

Aquellas en las que dabas para recibir y apostabas para ganar. Las reglas en las que invertías todo lo que tenías porque, creías, el riesgo de perderlo todo no entraba dentro de las posibilidades.
Pero como toda historia tiene un final, el nuestro también llegó. Un final que, por suerte o por desgracia, llegó para deshacer las expectativas que ya no estábamos cumpliendo. Porque no, ya no llegábamos a la altura de lo que un día fuimos, ni a la altura de lo que nos merecíamos que fuera.

Aunque duela.
Aunque duela tanto.
Te dejo.

Aun me quedan las esquinas dobladas de las páginas de nuestro libro, para recordarme que, en ellas, hay algún instante inolvidable plasmado en la memoria de nuestra relación. Sin embargo, no hice más que coleccionar páginas en blanco. Espacios vacíos en los que escribir aquello que, diariamente, quería que sucediese.

Te dejo.

Pero sobre todo, si te dejo con algo, es con las ganas.
Con las ganas de haber podido saber lo que hubiera sido nuestra vida en común. Con las ganas de que me quedase contigo aún recibiendo una cuarta parte de lo que te daba. Con las ganas de que me conformase con lo que ni siquiera merecía y, con las ganas, de que te dijera a todo que sí.

P.